viernes, 18 de mayo de 2012

Nuestro siglo en materia de esperanza


 Leo y recomiendo un ensayo de Álvaro Mútis sobre la desesperanza. Casi logra convencerme de su horrible y lúcida exposición. El hombre de gran lucidez que deviene en hombre sin Esperanza. No creo, humildemente no creo, que sea cierto aquello de que nuestra “condición humana” pueda ser tan endiabladamente desoladora.  El hombre está vivo y es como si el Espíritu dejara de de susurrar a sus oídos  su sabiduría cósmica al que pierde toda Esperanza.  Esta última frase me lleva irremediablemente a San Pablo, en su carta a los Corintios. San Pablo, patrono de los viajeros. Dice en Corintios I, cap 2, versículos 9-11, palabras cocinadas a fuego lento en jornadas seguramente hermosas: “Dios ha preparado para los que se le aman cosas que nadie ha visto ni oído, y ni siquiera pensado”.  Y luego dice: “¡Quién de los hombres puede saber lo que hay en el corazón del hombre, sino sólo el Espíritu que está dentro del hombre. De la misma manera solamente el Espíritu de Dios sabe lo que hay en Dios!”… Y más adelante dice: “Tener amor es sufrirlo todo, esperarlo todo, soportarlo todo”. El hombre desesperanzado, en cambio, dice no esperar nada. Ni ha leído acaso tales palabras. “Dios da intensa labor”, escribió alguien alguna vez. Pero algunos no quieren esa labor, la rechazan, no quieren amar, no quieren esperar. Menos entrar en esa cuestión complicada y milenaria. Lástima, son la mayoría de los seres humanos los que rechazan este plato de viento. Esta sopa de nada. 


  

jueves, 10 de mayo de 2012

Absoluta inutilidad


La web novelaenconstruccion.com de Reverte me lo revela. Se chocan en mi cabeza algunas cosas, de la era de internet y otras de otras eras. El escritor (Ricardo Piglia) que le piden una columna de opinión y entrega partes de su diario, es la primera. (Aficionado a los diarios, me he sumergido en algunos, Tolstoi, Gide, Eliade, Kafka, Pessoa, los de Bioy sobre Borges… De todos ellos quizá ninguno supere en interés los de Kafka. En Colombia hay pocos escritores de diarios, pero existen. Los mejores diarios son tal vez los de Fernando González, sus libros). Lo otro que me llega es el blog 1000awesomethings.com. Hizo rico a su autor, es un compendio de las montones de cosas impresionantes que puede concebir un ser humano. Escribir un blog, esa forma de masturbación moderna que puede llegar a hacerte rico. Sí, es hora de dejar a un lado los artículos lacrimógenos y pensar en hacerme rico. Sin embargo, dudo que Kafka hubiera logrado hacerse rico publicando sus diarios: “21 de noviembre: Absoluta inutilidad. Domingo. Noche con especial insomnio. Hasta las once y cuarto, acostado a la luz del sol. Paseo. Comida. Lectura del periódico; he ojeado viejos catálogos. Paseo: Hybernergasse, Parque Municipal, Wenzelsplatz. Ferdinandstrasse,  y luego en dirección a Podol. Tiempo alargado penosamente hasta llegar a las dos horas. De vez en cuando, fuertes dolores de cabeza, a veces casi febriles.  Después he cenado. Ahora, en casa. ¿Quién puede dominarlo con los ojos abiertos desde el principio hasta el fin?”.  Eso es otra cosa, otra escritura, “hacerse maluco” y pobre. Absoluta inutilidad de los blogs. Y sin embargo, aquí, como enrollando papelitos dentro de una botella para arrojarla después al mar.  Hacer esto una vez a la semana es ya un tanto aberrante. Hacerlo diariamente… Es desesperado.  Y sin embargo, la escritura lo va llevando a uno a eso kafkiano, paseo, comida, insomnio, lectura del periódico, blog… rutina que nos tritura lentamente. Otro día Kafka escribe: “3 de agosto. Una vez le grité al mundo a pleno pulmón. Después me pusieron la mordaza, me ataron de pies y manos y me vendaron los ojos. Me zarandearon muchas veces, me hicieron poner de pie y tenderme de nuevo, también unas cuantas veces. Tiraron de mis piernas hacia atrás hasta que me crispé de dolor. Me dejaron tranquilo unos momentos, pero luego me dieron profundos pinchazos con algo muy agudo, aquí y allá, por sorpresa, donde les daba la gana”. Qué habrá gritado el pobre hombre. 

domingo, 29 de abril de 2012

Académicos "reducidos"

Foto De la Urbe Digital

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El 24 de abril de 2012 se distribuyó el suplemento del ALMA MATER, compendiando los comunicados emitidos por los distintos consejos, facultades, asociaciones, institutos de la Universidad de Antioquia, sin olvidar el de la Gobernación de Antioquia, máxima autoridad en de la institución. “La fuerza pública tiene que actuar siempre con el respeto a los derechos humanos y el derecho a la protesta pacífica con argumentos, pero aquí no hay argumentos, solo la fuerza del terror a la cual no vamos a permitirles ese trofeo que sería cerrar la Universidad de Antioquia y destruirla”. ¿Qué querrán decir con protesta pacífica, protesta desde facebook, o protesta desde un comunicado? Que los capuchos la cierren, literalmente, no se puede tomar como un fin literal. Demuestra el infantilismo del pensamiento oficial. Y en cuanto a destruirla, pues ni qué decir. Se necesitaría una de esas bombas que el gobierno compra a los norteamericanos para rostizar todo lo que se mueva en las selvas colombianas.  Sorprende en los dos primeros párrafos del “pronunciamiento” gubernamental (ese ejercicio retórico) la reiteración, cuando se alude a un grupo “reducido de personas”. Si quiera les reconocen lo de “personas”. Y en el segundo párrafo vuelven: “… y estos encapuchados, un número reducido…”. Reducir, según la RAE, tiene muchas acepciones: “Disminuir o aminorar”. “Resumir en pocas razones un discurso o narración”. “Sujetar a la obediencia a quienes se habían separado de ella”. “Persuadir o atraer a alguien con razones o argumentos”. “Simplificar una expresión”.  “Moderarse, arreglarse o ceñirse en el modo de vida o porte”. “Dicho de una cosa: no tener mayor importancia de la que se expresa”. Nótese la ambigüedad deliciosa del término.  O su claridad respecto a la “intención” latente de dicho discurso.  Se esfuerzan por “reducir” el problema de las manifestaciones violentas a proporciones manejables. Sostienen que si son un grupo “reducido” no deben suscitar más que “rechazo”. Si fueran muchos, como en realidad son, hay que “reducirlos” a fin de amputarles sus dimensiones dantescas, apocalípticas. Y así lograr el rechazo a priori y absoluto. Sin entrar en sutilezas. Rechazo es otra palabra de la que abusa el lenguaje oficial en estos comunicados con marca de fábrica, igualitos. Y es, como el “reducir”, una palabra ambigua. La acepción biológica dice de “rechazo”: “Fenómeno inmunológico por el que un organismo reconoce como extraño a un órgano o tejido procedente de otro individuo, aunque sea de la misma especie”. Pero dicho fenómeno, tanto en la ciencia biológica como en las ciencias sociales, no puede ser tomado tan a la ligera. El afán es que todos “rechacemos” las manifestaciones violentas.  Intenta provocar una actitud absoluta. Nos imponen una sensación. Rechazan las hostilidades como el niño rechaza la sopa cuando está maluca. Por reflejo. Es el estilo seguro y decidido  de quien se cree poseedor de la verdad y la razón, el defensor de la civilización. Dicha actitud no es coherente con el ser de la academia, que no tiene como prioridad la defensa de las instituciones oficiales, sino la investigación y la proliferación del pensamiento, en esencia libre. Les paso a los odontólogos, a los de ciencias agrarias, nutrición y dietética, ed. física, química farmacéutica, artes, enfermería, salud pública, ingeniería, ciencias exactas, incluso a ciencias económicas, que suenen a  coro de infantes guiados por la barita en la santa iglesia. Uno esperaría algo distinto del inst. de estudios políticos. O de la facultad de derecho y ciencias políticas. La primera “rechaza” también el plato sin probarlo desde los primeros renglones de su comunicado. La segunda también expresa su “rechazo” de inmediato. Y chillan disque por la reflexión y el diálogo. Que los académicos dejen la lloradera y encaren los hechos. El país está en guerra. Y se pregunten en serio el significado de “cientos” de capuchos. Porque repiten el versículo de la gobernación como un mantra: “aquí no hay reflexión, solo la fuerza del terror”: la voz del acorazado negro.

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Apenas uno de los medios universitarios, De la UrbeDigital, se atreve a publicar un documento extraño y jamás analizado por los académicos, repartido por los capuchos. ¿Reflexionamos en torno a este documento? Se pregunta su autor incendiario: “Y sobre la movilización estudiantil, ¿qué pasó?”. Habla sobre el movimiento estudiantil contra la reforma a la educación pública: “consideramos que se desperdició una oportunidad única para articular fuerzas significativas en torno a una gran movimiento social de masas en colombia”. Luego lanza la pregunta: “¿Qué haría o pensaría la sociedad colombiana si en estos momentos la movilización y la resistencia estudiantil estuviera manifestándose en las calles y además estuviera articulada con más sectores sociales?”. No es ingenua la pregunta. Días después veríamos llegar a Bogotá la Marcha Patriótica, un tsunami de cabezas calientes y descontentas. Y luego se pregunta: “¿Y dónde quedó su democracia?” Se refieren a la elección del rector. Agregando una observación: “y el inconformismo que se hizo costumbre se desvaneció entre murmullos de pasillo y charlas de tinto”. Esto tan sutil no lo nota un ser irracional, como un espanto con capucha y vacío por dentro. Pero lo que me deja consternado y no puedo pasar de largo sin citar esa declaración de guerra irregular: “Hay que pasar de la resistencia a la ofensiva… es el momento”. ¿Quiénes son estos salvajes? Responde el manifiesto, en un párrafo de antología, que subrayo: “somos el resultado de 50 décadas de violencia, de más de 5 siglos de colonización, de las guerras inacabadas por la libertad y la independencia”. Parece la retórica típica, pero sabe nombrarnos: “somos los hijos faltantes de los faltantes, hijos de esos padres que se han ido de la tierra para ocupar un puesto en una fábrica o taller u oficina, hijos de esos que no siendo útiles para la democracia laboral tambalean el hambre y la miseria en la balanza del rebusque. Somos los hijos de los muertos de la revolución, de los transformadores sociales desaparecidos por la mano negra o los escuadrones de la muerte. De los secuestrados por los estados en sus prisiones. Somos los hijos huérfanos de todos los órdenes conocidos y existentes… y bienaventurados sean los huérfanos porque el caos del mundo les pertenece”. No ocultan su objetivo: “Salir a la calle a perturbar el miserable y embrutecedor  orden de las cosas haciendo visible la brutalidad sistemática que tod@s percibimos esencialmente”. Lo peor de este enemigo público, lo que despierta el miedo, es que “no admite diálogo alguno con el Poder”. Curioso lo que pasa cuando el subcomandante Marcos se quita el pasamontañas. 

domingo, 22 de abril de 2012

Arder


En frío, están desuetos los cursillos de urbanidad que enseña la prensa y los medios y la gobernación de Antioquia y las directivas de la universidad. Repiten la misma salmodia del poder. Pero no se dan cuenta que el análisis del poder y su verborrea se enseña al interior de la misma academia. La gobernación publicó un video que resume la cosa: en él vemos SMAD, policía, gases lacrimógenos,  jóvenes encapuchados lanzando petardos, y grandes masas de estudiantes corriendo. ¿Corren de los encapuchados? No, corren de los SMAD y del gas lacrimógeno, cuyo uso debiera estar prohibido, de ser una sociedad civilizada, como pretende el gobernante. “Unos pocos violentos cierran la universidad”, pero, “unos pocos" estarían lejos de hacer algo como eso. La siguiente expresión es la que me deja consternado, siempre está en los discursos oficiales: “Sin motivos claros, porque sí, porque no”. Sin “causa” no hay efecto, naturalmente, o sea, no habrían manifestaciones violentas de ningún tipo, sin “causas” no habrían manifestaciones. Aquello que viene ocurriendo sistemáticamente en la universidad no es serie de hechos aislados, ejecutados por la sola virulencia injustificada de 100 encapuchados y unos 200 o 300 estudiantes tirapiedras. Es la respuesta a un orden de cosas, más bien el repudio contra un sistema de cosas. Hay que estar loco para tomar la piedra o la capucha sin razón, sin “motivos, porque sí, porque no”, y la universidad tendría que ser un manicomio y no una institución educativa. No es que defienda la capucha. No se puede pretender educar al pobre y al mismo tiempo pastorearlo, como arriando ganado. Un ser humano educado, un ciudadano informado, termina por rebelarse, porque la naturaleza del conocimiento es revolucionaria, es cambiar las cosas. No hay verdadera educación si esta no sirve para que el estudiante reaccione ante la sociedad, y si reacciona tan violentamente, habría que preguntarse a qué violencia (¿estatal?) está respondiendo.  “¿Y han logrado algo con esto? Sí, atemorizar a miles de ciudadanos”. Pues eso si pensamos que los estudiantes fueran reales ciudadanos y corrieran de los encapuchados. Pero a estos no se les corre. Todo el mundo sabe que el capucho es estudiante. Si la manada corre, es por los gases lacrimógenos y las balas de caucho y el bolillo, no quede dudas.  “Dejar a casi 39 mil personas sin estudio”. Pues que estudien la situación, que el estudio de la realidad es el único importante. “Desprestigiar la universidad”, pues ya está desprestigiada. No hay prestigio que destruir. “Destruir lo que nos beneficia a todos, hacer que se pierdan 683 millones  por cada día de cierre”, pues dinero que no se gasta, ¿porqué se tiene que perder? “Y llenarnos de miedo”. Esta última cuestión amerita el breve análisis. ¿A quiénes aludirán con el “nos”? Si los poderosos, las autoridades, los editorialistas, civilizados por los beneficios de controlar los recursos y el capital del país, tienen “miedo”, ya era hora de saber que sienten algo. No están muertos. Van sufriendo la gota amarga de estar vivos en un mundo pleno de injusticias, en el país más desigual de Suramérica. En eso, en el miedo, los demás los acompañamos. Será miedo a perder sus privilegios en manos de la turba militarizada, armada de papas bombas, y otros artefactos, que “casualmente” tienen como sede de operaciones la academia. Si esa peste surgiera de las cloacas, de las cárceles, de las mismas instalaciones del gobierno, sería ahí sí de “miedo”. Pero surge de la academia, del templo del conocimiento. Y los SMAD son como las costras que separan el material vivo del muerto. El material vivo creo que está en la academia, donde pervive el espíritu, donde las palabras conservan su ambigüedad y su multiplicidad de significados. Y las ideas devienen en papas-bombas ocasionalmente.  Afuera sólo se escucha el monolingüismo del poder, el pensamiento único de los dueños de la comodidad. Que agarren al que arrojó un bombazo contra un policía, tal vez sea posible, con tanta cámara y tanto recurso en inteligencia (más que el que se gastan en el restaurante universitario). Pero erradicar la violencia de las manifestaciones… primero arderá el mundo. El destino del establecimiento tal y como lo quieren perpetuar, arder. Se preocupa el gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, porque estos “terroristas” 
comienzan a aplicar estrategias “militares” y suponen que estas le son vedadas a los estudiantes. Desconoce la historia, Fajardo. El arte más interesante para un estudioso es el arte de la guerra. 

jueves, 12 de abril de 2012

Burroughs


"gracias por el sueño americano,
por vulgarizar y falsificar,
hasta que el brillo de la mentira se revele". W. B.