viernes, 18 de mayo de 2012
Nuestro siglo en materia de esperanza
jueves, 10 de mayo de 2012
Absoluta inutilidad
La web novelaenconstruccion.com de Reverte me lo revela. Se chocan en mi cabeza algunas cosas, de
la era de internet y otras de otras eras. El escritor (Ricardo Piglia) que le piden una columna de
opinión y entrega partes de su diario, es la primera. (Aficionado a los
diarios, me he sumergido en algunos, Tolstoi, Gide, Eliade, Kafka, Pessoa, los
de Bioy sobre Borges… De todos ellos quizá ninguno supere en interés los de
Kafka. En Colombia hay pocos escritores de diarios, pero existen. Los mejores diarios
son tal vez los de Fernando González, sus libros). Lo otro que me llega es el blog 1000awesomethings.com. Hizo rico a su autor, es un compendio de las
montones de cosas impresionantes que puede concebir un ser humano. Escribir un
blog, esa forma de masturbación moderna que puede llegar a
hacerte rico. Sí, es hora de dejar a un lado los artículos lacrimógenos y
pensar en hacerme rico. Sin embargo, dudo que Kafka hubiera logrado hacerse
rico publicando sus diarios: “21 de noviembre: Absoluta
inutilidad. Domingo. Noche con especial insomnio. Hasta las once y cuarto,
acostado a la luz del sol. Paseo. Comida. Lectura del periódico; he ojeado
viejos catálogos. Paseo: Hybernergasse, Parque Municipal, Wenzelsplatz.
Ferdinandstrasse, y luego en dirección a
Podol. Tiempo alargado penosamente hasta llegar a las dos horas. De vez en
cuando, fuertes dolores de cabeza, a veces casi febriles. Después he cenado. Ahora, en casa. ¿Quién
puede dominarlo con los ojos abiertos desde el principio hasta el fin?”. Eso es otra cosa, otra escritura, “hacerse maluco” y pobre. Absoluta inutilidad de los blogs. Y sin
embargo, aquí, como enrollando papelitos dentro de una botella para arrojarla
después al mar. Hacer esto una vez a la
semana es ya un tanto aberrante. Hacerlo diariamente… Es desesperado. Y sin embargo, la escritura lo va llevando a
uno a eso kafkiano, paseo, comida, insomnio, lectura del periódico, blog… rutina que
nos tritura lentamente. Otro día Kafka escribe: “3 de agosto. Una
vez le grité al mundo a pleno pulmón. Después me pusieron la mordaza, me ataron
de pies y manos y me vendaron los ojos. Me zarandearon muchas veces, me
hicieron poner de pie y tenderme de nuevo, también unas cuantas veces. Tiraron de
mis piernas hacia atrás hasta que me crispé de dolor. Me dejaron tranquilo unos
momentos, pero luego me dieron profundos pinchazos con algo muy agudo, aquí y
allá, por sorpresa, donde les daba la gana”. Qué habrá gritado el pobre hombre.
domingo, 29 de abril de 2012
Académicos "reducidos"
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| Foto De la Urbe Digital |
1
El 24 de abril de 2012 se distribuyó el suplemento del ALMA MATER, compendiando
los comunicados emitidos por los distintos consejos, facultades, asociaciones,
institutos de la Universidad de Antioquia, sin olvidar el de la Gobernación de
Antioquia, máxima autoridad en de la institución. “La fuerza pública tiene que
actuar siempre con el respeto a los derechos humanos y el derecho a la protesta
pacífica con argumentos, pero aquí no
hay argumentos, solo la fuerza del terror a la cual no vamos a permitirles
ese trofeo que sería cerrar la Universidad de Antioquia y destruirla”. ¿Qué
querrán decir con protesta pacífica, protesta desde facebook, o protesta desde
un comunicado? Que los capuchos la cierren, literalmente, no se puede tomar
como un fin literal. Demuestra el infantilismo del pensamiento oficial. Y en
cuanto a destruirla, pues ni qué decir. Se necesitaría una de esas bombas que el
gobierno compra a los norteamericanos para rostizar todo lo que se mueva en las
selvas colombianas. Sorprende en los dos
primeros párrafos del “pronunciamiento” gubernamental (ese ejercicio retórico)
la reiteración, cuando se alude a un grupo “reducido de personas”. Si quiera les reconocen lo de “personas”. Y
en el segundo párrafo vuelven: “… y estos encapuchados, un número reducido…”. Reducir,
según la RAE, tiene muchas acepciones: “Disminuir o aminorar”. “Resumir en
pocas razones un discurso o narración”. “Sujetar a la obediencia a quienes se
habían separado de ella”. “Persuadir o atraer a alguien con razones o
argumentos”. “Simplificar una expresión”. “Moderarse, arreglarse o ceñirse en el modo de
vida o porte”. “Dicho de una cosa: no tener mayor importancia de la que se
expresa”. Nótese la ambigüedad deliciosa del término. O su claridad respecto a la “intención” latente
de dicho discurso. Se esfuerzan por “reducir”
el problema de las manifestaciones violentas a proporciones manejables. Sostienen
que si son un grupo “reducido” no deben suscitar más que “rechazo”.
Si fueran muchos, como en realidad son, hay que “reducirlos” a fin de
amputarles sus dimensiones dantescas, apocalípticas. Y así lograr el rechazo a priori y absoluto. Sin entrar
en sutilezas. Rechazo es otra
palabra de la que abusa el lenguaje oficial en estos comunicados con marca de
fábrica, igualitos. Y es, como el “reducir”, una palabra ambigua. La acepción biológica
dice de “rechazo”: “Fenómeno inmunológico por el que un organismo reconoce como
extraño a un órgano o tejido procedente de otro individuo, aunque sea de la
misma especie”. Pero dicho fenómeno, tanto en la ciencia biológica como en las
ciencias sociales, no puede ser tomado tan a la ligera. El afán es que todos “rechacemos”
las manifestaciones violentas. Intenta provocar
una actitud absoluta. Nos imponen una sensación. Rechazan las hostilidades como
el niño rechaza la sopa cuando está maluca. Por reflejo. Es el estilo seguro y decidido
de quien se cree poseedor de la verdad y la razón, el defensor de la
civilización. Dicha actitud no es coherente con el ser de la academia, que no
tiene como prioridad la defensa de las instituciones oficiales, sino la investigación
y la proliferación del pensamiento, en esencia libre. Les paso a los
odontólogos, a los de ciencias agrarias, nutrición y dietética, ed. física,
química farmacéutica, artes, enfermería, salud pública, ingeniería, ciencias
exactas, incluso a ciencias económicas, que suenen a coro de infantes guiados por la barita en la
santa iglesia. Uno esperaría algo distinto del inst. de estudios políticos. O de
la facultad de derecho y ciencias políticas. La primera “rechaza” también el
plato sin probarlo desde los primeros renglones de su comunicado. La segunda
también expresa su “rechazo” de inmediato. Y chillan disque por la reflexión y
el diálogo. Que los académicos dejen la lloradera y encaren los hechos. El país está en guerra. Y se
pregunten en serio el significado de “cientos” de capuchos. Porque repiten el versículo de la gobernación como un mantra: “aquí no
hay reflexión, solo la fuerza del terror”: la voz del acorazado negro.
2
Apenas uno de los medios universitarios, De la UrbeDigital, se atreve a publicar un documento extraño y jamás analizado por los
académicos, repartido por los capuchos. ¿Reflexionamos en torno a este
documento? Se pregunta su autor incendiario:
“Y sobre la movilización estudiantil, ¿qué pasó?”. Habla sobre el
movimiento estudiantil contra la reforma a la educación pública: “consideramos
que se desperdició una oportunidad única para articular fuerzas significativas
en torno a una gran movimiento social de masas en colombia”. Luego lanza la
pregunta: “¿Qué haría o pensaría la sociedad colombiana si en estos momentos la
movilización y la resistencia estudiantil estuviera manifestándose en las
calles y además estuviera articulada con más sectores sociales?”. No es ingenua
la pregunta. Días después veríamos llegar a Bogotá la Marcha Patriótica, un tsunami de cabezas calientes y descontentas. Y luego se pregunta: “¿Y
dónde quedó su democracia?” Se refieren a la elección del rector. Agregando una
observación: “y el inconformismo que se hizo costumbre se desvaneció entre
murmullos de pasillo y charlas de tinto”. Esto tan sutil no lo nota un ser
irracional, como un espanto con capucha y vacío por dentro. Pero lo que me deja
consternado y no puedo pasar de largo sin citar esa declaración de guerra
irregular: “Hay que pasar de la resistencia a la ofensiva… es el momento”.
¿Quiénes son estos salvajes? Responde el manifiesto, en un párrafo de antología,
que subrayo: “somos el resultado de 50
décadas de violencia, de más de 5 siglos de colonización, de las guerras
inacabadas por la libertad y la independencia”. Parece la retórica típica,
pero sabe nombrarnos: “somos los hijos faltantes de los faltantes,
hijos de esos padres que se han ido de la tierra para ocupar un puesto en una
fábrica o taller u oficina, hijos de esos que no siendo útiles para la
democracia laboral tambalean el hambre y la miseria en la balanza del rebusque.
Somos los hijos de los muertos de la revolución, de los transformadores
sociales desaparecidos por la mano negra o los escuadrones de la muerte. De los
secuestrados por los estados en sus prisiones. Somos los hijos huérfanos de
todos los órdenes conocidos y existentes… y bienaventurados sean los huérfanos porque
el caos del mundo les pertenece”. No ocultan su objetivo: “Salir a la calle
a perturbar el miserable y embrutecedor orden
de las cosas haciendo visible la brutalidad sistemática que tod@s percibimos esencialmente”.
Lo peor de este enemigo público, lo que despierta el miedo, es que “no admite
diálogo alguno con el Poder”. Curioso lo que pasa cuando el subcomandante Marcos se quita el pasamontañas.
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domingo, 22 de abril de 2012
Arder
En frío, están desuetos los cursillos de urbanidad que
enseña la prensa y los medios y la gobernación de Antioquia y las directivas de
la universidad. Repiten la misma salmodia del poder. Pero no se dan cuenta que
el análisis del poder y su verborrea se enseña al interior de la misma
academia. La gobernación publicó un video que resume la cosa: en él vemos SMAD,
policía, gases lacrimógenos, jóvenes
encapuchados lanzando petardos, y grandes masas de estudiantes corriendo. ¿Corren
de los encapuchados? No, corren de los SMAD y del gas lacrimógeno, cuyo uso
debiera estar prohibido, de ser una sociedad civilizada, como pretende el gobernante. “Unos pocos violentos cierran la universidad”,
pero, “unos pocos" estarían lejos de hacer algo como eso. La siguiente expresión
es la que me deja consternado, siempre está en los discursos oficiales: “Sin
motivos claros, porque sí, porque no”. Sin “causa” no hay efecto, naturalmente,
o sea, no habrían manifestaciones violentas de ningún tipo, sin “causas” no
habrían manifestaciones. Aquello que viene ocurriendo sistemáticamente en la
universidad no es serie de hechos aislados, ejecutados por la sola virulencia injustificada
de 100 encapuchados y unos 200 o 300 estudiantes tirapiedras. Es la respuesta a
un orden de cosas, más bien el repudio contra un sistema de cosas. Hay que estar
loco para tomar la piedra o la capucha sin razón, sin “motivos, porque sí,
porque no”, y la universidad tendría que ser un manicomio y no una institución
educativa. No es que defienda la capucha. No se puede pretender educar al pobre y al mismo tiempo pastorearlo,
como arriando ganado. Un ser humano educado, un ciudadano informado, termina
por rebelarse, porque la naturaleza del conocimiento es revolucionaria, es
cambiar las cosas. No hay verdadera educación si esta no sirve para que el
estudiante reaccione ante la sociedad, y si reacciona tan violentamente, habría
que preguntarse a qué violencia (¿estatal?) está respondiendo. “¿Y han logrado algo con esto? Sí, atemorizar
a miles de ciudadanos”. Pues eso si pensamos que los estudiantes fueran reales ciudadanos y corrieran de
los encapuchados. Pero a estos no se les corre. Todo el mundo sabe que el capucho
es estudiante. Si la manada corre, es por los gases lacrimógenos y las balas de
caucho y el bolillo, no quede dudas. “Dejar
a casi 39 mil personas sin estudio”. Pues que estudien la situación, que el
estudio de la realidad es el único importante. “Desprestigiar la universidad”, pues
ya está desprestigiada. No hay prestigio que destruir. “Destruir lo que nos
beneficia a todos, hacer que se pierdan 683 millones por cada día de cierre”, pues dinero que no
se gasta, ¿porqué se tiene que perder? “Y llenarnos de miedo”. Esta última
cuestión amerita el breve análisis. ¿A quiénes aludirán con el “nos”? Si los
poderosos, las autoridades, los editorialistas, civilizados por los beneficios
de controlar los recursos y el capital del país, tienen “miedo”, ya era hora de
saber que sienten algo. No están muertos. Van sufriendo la gota amarga de estar
vivos en un mundo pleno de injusticias, en el país más desigual de Suramérica.
En eso, en el miedo, los demás los acompañamos. Será miedo a perder sus privilegios en manos de
la turba militarizada, armada de papas bombas, y otros artefactos, que “casualmente” tienen como
sede de operaciones la academia. Si esa peste surgiera de las cloacas, de las
cárceles, de las mismas instalaciones del gobierno, sería ahí sí de “miedo”. Pero
surge de la academia, del templo del conocimiento. Y los SMAD son como las
costras que separan el material vivo del muerto. El material vivo creo que está
en la academia, donde pervive el espíritu, donde las palabras conservan su ambigüedad
y su multiplicidad de significados. Y las ideas devienen en papas-bombas
ocasionalmente. Afuera sólo se escucha
el monolingüismo del poder, el pensamiento único de los dueños de la comodidad.
Que agarren al que arrojó un bombazo contra un policía, tal vez sea posible,
con tanta cámara y tanto recurso en inteligencia (más que el que se gastan en
el restaurante universitario). Pero erradicar la violencia de las
manifestaciones… primero arderá el mundo. El destino del establecimiento tal y
como lo quieren perpetuar, arder. Se preocupa el gobernador de Antioquia,
Sergio Fajardo, porque estos “terroristas”
comienzan a aplicar estrategias “militares” y suponen que estas le son vedadas a los estudiantes. Desconoce la historia, Fajardo. El arte más interesante para un estudioso es el arte de la guerra.
comienzan a aplicar estrategias “militares” y suponen que estas le son vedadas a los estudiantes. Desconoce la historia, Fajardo. El arte más interesante para un estudioso es el arte de la guerra.
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jueves, 12 de abril de 2012
Burroughs
"gracias por el sueño americano,
por vulgarizar y falsificar,
hasta que el brillo de la mentira se
revele". W. B.
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