Como si por siglos me
hubiesen impedido usar la primera persona, ahora me obligaré a ella. Los relatos
más emotivos que he leído de escritores de mi nacionalidad, incluso de mi
valle, están escritos en primera persona.
Le tenía repugnancia, durante mucho tiempo hice el ejercicio de escribir
sobre mí mismo en segunda persona, me gustaba la segunda persona, Aura de Carlos
Fuentes me abrió ese mundo absurdo, después leí La montaña del alma de
Xingxian, último premio nobel chino. Se publicó recientemente Diarios de
invierno de Auster, en segunda persona. Escribir para otro, tutearlo, es una de
las experiencias más enajenantes en las que me he embarcado, “o sino mírate
ahora, escribiendo sobre la vez que escribías en segunda persona, qué sequia”. Poder
usar las más duras palabras contra uno mismo no deja de ser una empresa
sanadora. De repente ya nadie puede molestarte, los demás te hablan con una
dulzura inesperada. Hurgo en ese viejo texto para ver qué encuentro, han pasado
6 años desde que escribí algo como esto: “sentado en tu cuarto, escuchas las
noticias del día en una emisora. el papa nombra un arzobispo en Marruecos. un
grupo terrorista asume autoridad en algún atentado. un exitoso transplante de
uña hace historia, y es hecho por un médico colombiano. del dedo del pie a la
mano. el nombre del genio responsable de la operación, Carlos López Valderrama.
el cáncer que tenía en la uña era un cáncer “horrorosamente peligroso”, según
comenta uno de los periodistas, caso en el cual, normalmente, el dedo se
amputa. cada día suceden cosas igual de interesantes…”. Es que hablarse a sí
mismo no implica hablar de sí mismo. Uno habla de sí mismo, pero es el mundo el
que habla por uno, el mundo se habla a sí mismo. Por eso no me preocupa atraer
lectores a este blog. Quien llegue, llegue por casualidad y váyase. Estoy más
de acuerdo con el lector indiferente que viene, ojea y se va sin decir nada que
con el que me publica un comentario con el fin de que yo haga lo mismo en su
blog. Escribo para otro blog donde todos los comentarios son anónimos, es una
maravilla. Pero mejor que un comentario anónimo es un anónimo lector que no
deja comentarios. Soy más uno de estos últimos. Llevo poco más de un año
haciendo este blog y no recuerdo haber usado la primera persona, hacerlo ahora
me genera un vértigo nuevo.
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