jueves, 23 de febrero de 2012

saga de la primera persona

Como si por siglos me hubiesen impedido usar la primera persona, ahora me obligaré a ella. Los relatos más emotivos que he leído de escritores de mi nacionalidad, incluso de mi valle, están escritos en primera persona.  Le tenía repugnancia, durante mucho tiempo hice el ejercicio de escribir sobre mí mismo en segunda persona, me gustaba la segunda persona, Aura de Carlos Fuentes me abrió ese mundo absurdo, después leí La montaña del alma de Xingxian, último premio nobel chino. Se publicó recientemente Diarios de invierno de Auster, en segunda persona. Escribir para otro, tutearlo, es una de las experiencias más enajenantes en las que me he embarcado, “o sino mírate ahora, escribiendo sobre la vez que escribías en segunda persona, qué sequia”. Poder usar las más duras palabras contra uno mismo no deja de ser una empresa sanadora. De repente ya nadie puede molestarte, los demás te hablan con una dulzura inesperada. Hurgo en ese viejo texto para ver qué encuentro, han pasado 6 años desde que escribí algo como esto: “sentado en tu cuarto, escuchas las noticias del día en una emisora. el papa nombra un arzobispo en Marruecos. un grupo terrorista asume autoridad en algún atentado. un exitoso transplante de uña hace historia, y es hecho por un médico colombiano. del dedo del pie a la mano. el nombre del genio responsable de la operación, Carlos López Valderrama. el cáncer que tenía en la uña era un cáncer “horrorosamente peligroso”, según comenta uno de los periodistas, caso en el cual, normalmente, el dedo se amputa. cada día suceden cosas igual de interesantes…”. Es que hablarse a sí mismo no implica hablar de sí mismo. Uno habla de sí mismo, pero es el mundo el que habla por uno, el mundo se habla a sí mismo. Por eso no me preocupa atraer lectores a este blog. Quien llegue, llegue por casualidad y váyase. Estoy más de acuerdo con el lector indiferente que viene, ojea y se va sin decir nada que con el que me publica un comentario con el fin de que yo haga lo mismo en su blog. Escribo para otro blog donde todos los comentarios son anónimos, es una maravilla. Pero mejor que un comentario anónimo es un anónimo lector que no deja comentarios. Soy más uno de estos últimos. Llevo poco más de un año haciendo este blog y no recuerdo haber usado la primera persona, hacerlo ahora me genera un vértigo nuevo.

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